¿Todavía vale la pena estudiar una carrera universitaria en Colombia?
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En Estados Unidos, las matrículas universitarias cayeron 11 % en la última década. En Corea del Sur, el número de nuevos estudiantes podría pasar de 440.000 a solo 270.000 hacia 2040. Y en Colombia, aunque el discurso público habla poco del tema, las cifras cuentan una historia parecida: nacen menos niños, las universidades públicas dependen cada vez más de plata del Estado y muchos jóvenes se preguntan si vale la pena estudiar una carrera universitaria o si conviene más un curso corto y entrar rápido a trabajar. Esto es lo que dicen los datos.
¿Por qué se habla de una crisis mundial de matrículas universitarias?
Las matrículas universitarias caen en varios países desarrollados por tres motivos que se refuerzan entre sí: menos jóvenes en edad de estudiar, deudas estudiantiles que ya no se sienten rentables y un mercado laboral que empezó a valorar más las habilidades rápidas que los títulos de cuatro o cinco años, aunque el patrón es desigual entre países y no equivale a un colapso generalizado.
En Estados Unidos, la matrícula bajó 11 % en la última década, según datos de la OCDE y el Centro Nacional de Estadísticas de la Educación (NCES). Es una caída que arrastra un problema demográfico de fondo: en 2008 se frenó de golpe la natalidad, y esos bebés que no nacieron son justo los que hoy deberían estar entrando a la universidad.
Corea del Sur vive la versión más extrema del mismo fenómeno. Si en 1995 nacieron cerca de 715.000 bebés, en 2020 apenas fueron 270.000. El Consejo Coreano de Educación Universitaria proyecta que los nuevos ingresos universitarios pasarán de 440.000 en 2023 a solo 270.000 hacia 2040.
No es un fenómeno parejo en todos los países. Según la OCDE, 26 de sus países miembro registraron aumento de matrículas en los últimos años, mientras 11 —casi un tercio— vieron caer sus ingresos año tras año. Colombia, como veremos, se mueve en un punto intermedio: no colapsa, pero tampoco crece con fuerza.
¿Qué tiene que ver la baja natalidad con el futuro de la carrera universitaria en Colombia?
Colombia registró 433.678 nacimientos en 2025, un 4,5 % menos que el año anterior y un 33 % menos que hace una década, según el DANE. Esos bebés que no están naciendo hoy son los estudiantes que le faltarán a la carrera universitaria dentro de 18 años, un efecto de largo plazo que no cambia las oportunidades de quien está decidiendo estudiar en este momento.
La tasa de fecundidad colombiana viene en caída sostenida: 1,5 hijos por mujer en 2020, 1,4 en 2022, 1,2 en 2023 y 1,1 en 2024, de acuerdo con el DANE. Es un nivel comparable al de países como Corea del Sur, que hoy enfrenta el colapso universitario más severo del planeta.
El fenómeno no es exclusivo de Colombia. Según el Observatorio Demográfico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la región pasó de un promedio de 5,8 hijos por mujer en la década de 1950 a apenas 1,8 hoy, por debajo del nivel de reemplazo. "La transición fue mucho más acelerada que la europea", explica Simone Cecchini, director del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE) de la CEPAL, quien añade que incluso superó lo que Naciones Unidas proyectaba dos décadas atrás.
El propio DANE ya deja ver una consecuencia directa: menos niños ingresando hoy al sistema escolar anticipa menos matrícula universitaria dentro de una generación. Es una presión demográfica que ningún ajuste de precios de matrícula puede desactivar por sí solo.
¿Las universidades públicas colombianas están en riesgo financiero?
Solo una de las 34 universidades públicas del país logra sostenerse con sus propios recursos; las otras 33 dependen de transferencias del Estado para operar, según un informe de la Contraloría General de la República publicado en enero de 2026. Es una tensión presupuestal de las instituciones oficiales, no una señal sobre si vale la pena estudiar.
El estudio de la Contraloría, titulado "Sostenibilidad Financiera de las Universidades Públicas Colombianas (2019-2024)", encontró que el 50,1 % de los ingresos de estas instituciones viene de aportes nacionales. La brecha entre universidades es enorme: el ingreso por estudiante llega a 11,4 millones de pesos en la Universidad Nacional, frente a apenas 525.777 pesos en la UNAD, con un promedio nacional de 4,5 millones.
Hay otro peso que crece silenciosamente: el pasivo pensional del sistema universitario público alcanzó los 10,3 billones de pesos en 2024, concentrado en su mayoría en la Universidad Nacional y la Universidad del Valle. Para la Contraloría, esa carga desvía recursos que podrían ir a docencia e infraestructura.
La paradoja es que, al mismo tiempo, la matrícula pública ha crecido gracias a programas como Matrícula Cero y Generación E. Colombia invierte hoy cerca de la mitad de lo que en promedio invierten los países de la OCDE en educación superior como proporción del PIB —alrededor del 1 %—, así que el sistema recibe más estudiantes con proporcionalmente menos plata por cabeza.
¿Cuántos colombianos llegan realmente a la universidad?
Solo el 38 % de los jóvenes colombianos en edad de hacerlo ingresa a la educación superior, y la matrícula total lleva cinco años estancada entre 2,3 y 2,4 millones de estudiantes, según la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun). La brecha real está en la permanencia, no en la decisión inicial de empezar.
Entre 2017 y 2021 la matrícula colombiana se movió así: 2.446.314, 2.440.367, 2.396.250, 2.355.603 (el punto más bajo, en plena pandemia) y 2.448.271, de acuerdo con cifras del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior citadas por Ascun. Es un estancamiento, no un colapso, pero tampoco hay crecimiento real frente al tamaño de la población joven del país.
La deserción es el otro lado del problema. Óscar Domínguez González, director ejecutivo de Ascun, señala que la deserción acumulada en el país "se aproxima al 45 %", con un promedio semestral cercano al 12 %. Gloria Bernal, codirectora del Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana, apunta que las principales barreras son económicas: no solo el costo de la matrícula, sino también los gastos de sostenimiento mientras se estudia.
A esa ecuación se suma la competencia de las plataformas educativas: el ecosistema de startups edtech en Colombia agrupa ya 74 compañías, que recaudaron 80,3 millones de dólares en un solo año, según cifras del sector citadas por Bloomberg Línea.
¿Un título universitario todavía garantiza mejor sueldo y empleo?
Sí, en promedio: quienes tienen un título universitario siguen ganando más y enfrentando menos desempleo que quienes no lo tienen, aunque esa ventaja ya no es tan automática como hace una generación. El caso del Politécnico Grancolombiano, con una empleabilidad superior al 83 %, ilustra por qué el programa y la institución elegidos siguen pesando.
El fenómeno que los sociólogos llaman inflación credencialista describe un mercado laboral donde el título por sí solo ya no garantiza el mismo salario de antes, sobre todo en carreras con alta oferta de egresados y baja regulación profesional. Pero eso no significa que el título deje de importar: en carreras reguladas y de alta responsabilidad, como medicina, ingeniería o derecho, la universidad sigue siendo prácticamente indispensable.
El caso del Politécnico Grancolombiano es un ejemplo concreto de cómo el modelo educativo puede mover esa aguja. Según cifras del Observatorio Laboral para la Educación (OLE) citadas en Politécnico Grancolombiano: líder en empleabilidad en Colombia, solo el 26 % de los egresados de pregrado de la institución inicia su vida laboral con un salario inferior a 2,5 salarios mínimos, y más del 45 % de quienes terminan una especialización supera los 4 salarios mínimos. Una nota de la revista Semana, también citada en el blog, ubica la tasa de empleabilidad general de la institución por encima del 83 %.
La explicación no es magia: sigue siendo una de las decisiones que más abre puertas en el mercado laboral colombiano cuando el programa está diseñado con un enfoque práctico y actualizado frente a lo que pide el mercado, no solo frente a lo que dicta la tradición académica.
¿Los cursos cortos pueden reemplazar la formación universitaria?
No como sustituto completo, pero sí como complemento cada vez más necesario. Los cursos cortos ganan terreno porque cuestan menos, duran semanas en lugar de años y responden rápido a necesidades puntuales del mercado, mientras que un programa universitario completo sigue siendo la vía más sólida para roles que exigen profundidad teórica y pensamiento crítico.
Esta tensión no es exclusiva de Colombia. Reportes internacionales sobre la crisis universitaria describen cómo cada vez más jóvenes optan por estos atajos formativos para evitar deudas de años y entrar más rápido al mercado laboral. La pregunta real no es cuál opción gana, sino para qué sirve cada una.
| Curso corto o bootcamp | Carrera universitaria | |
| Duración típica | Semanas a pocos meses | 4 a 5 años |
| Costo aproximado | Bajo, pago único | Mayor, financiable por semestre |
| Reconocimiento oficial | Certificado de participación | Título profesional registrado |
| Profundidad | Una habilidad puntual | Formación teórica y práctica amplia |
| Mejor para | Actualizar o complementar un perfil ya formado | Construir una base profesional desde cero |
En Poliverso ya se ha explorado esta tensión con más detalle: los cursos cortos funcionan mejor como complemento que como reemplazo de una carrera profesional, sobre todo cuando se combinan con una base universitaria sólida. La decisión, al final, rara vez es cuestión de blanco o negro: muchas veces la elección no es solo entre estudiar por pasión o por garantía de empleo, sino de encontrar el programa que combine ambas cosas.
¿Entonces, vale la pena estudiar una carrera universitaria hoy?
Sí, siempre que se elija con criterio: un programa con buena empleabilidad, una modalidad que se ajuste al bolsillo y al tiempo disponible, y una institución que pueda demostrar resultados reales de sus egresados. La crisis global de matrículas no significa que estudiar dejó de valer la pena; significa que hay que decidir mejor qué y cómo estudiar.
El sociólogo alemán Hartmut Rosa plantea un argumento que vale la pena tener en cuenta antes de reducir esta discusión a números: la universidad no debería convertirse en una fábrica de competencias rápidas, sino en un espacio que también forme pensamiento crítico y capacidad de comprender problemas complejos, algo que los cursos cortos no siempre logran replicar.
Dicho esto, el costo y la flexibilidad siguen siendo la barrera más mencionada por los propios estudiantes colombianos. Ahí es donde la modalidad virtual elimina buena parte de esa barrera de costo y desplazamiento, al permitir estudiar sin mudarse de ciudad ni dejar de trabajar mientras se avanza en el semestre.
La pregunta de fondo, entonces, no es tanto si vale la pena estudiar una carrera universitaria, sino cuál. Programas con alta demanda laboral —como Mercadeo y Publicidad en modalidad virtual o carreras digitales como Diseño Digital— muestran que la respuesta correcta rara vez es abandonar la idea de estudiar, sino escoger con datos en la mano.
Preguntas frecuentes sobre si vale la pena estudiar en la universidad
¿Es cierto que las matrículas universitarias están cayendo en el mundo? Sí, aunque de forma desigual. Estados Unidos registró una caída del 11 % en la última década según la OCDE y el NCES, y Corea del Sur proyecta que sus nuevos ingresos universitarios caerán de 440.000 en 2023 a 270.000 hacia 2040. Sin embargo, la OCDE reporta que 26 de sus países miembro tuvieron aumentos de matrícula en los últimos años, frente a 11 con caídas. No es un colapso global uniforme, sino una tendencia que golpea con más fuerza a los países con menor natalidad.
¿Por qué está bajando la natalidad en Colombia y qué tiene que ver con la universidad? En 2025 nacieron en Colombia 433.678 personas, un 4,5 % menos que en 2024 y un 33 % menos que hace una década, según el DANE. La tasa de fecundidad llegó a 1,1 hijos por mujer en 2024. Como los estudiantes universitarios de dentro de 18 años son los niños que nacen hoy, una caída sostenida de nacimientos anticipa, con el tiempo, menos aspirantes a la universidad, sin importar qué tan buena sea la oferta educativa.
¿Las universidades públicas de Colombia están en riesgo de cerrar? No de cerrar de forma inminente, pero sí de depender cada vez más del Estado. Un informe de la Contraloría General de la República de enero de 2026 encontró que solo 1 de las 34 universidades públicas del país puede sostenerse con recursos propios; las demás dependen de transferencias nacionales para operar. El pasivo pensional del sistema ya suma 10,3 billones de pesos, una carga que limita cuánto pueden invertir en docencia e infraestructura.
¿Es mejor hacer un curso corto que estudiar un pregrado universitario? Depende del objetivo. Un curso corto funciona bien para actualizar una habilidad puntual o complementar un perfil que ya tiene una base profesional. Un programa de pregrado sigue siendo la vía más sólida para roles que exigen profundidad teórica, pensamiento crítico o una tarjeta profesional específica, como en derecho, ingeniería o medicina. La tendencia global muestra que ambas opciones conviven cada vez más, en lugar de reemplazarse entre sí.
¿Un título universitario sigue garantizando mejor salario? En promedio, sí: quienes tienen un título universitario siguen ganando más y enfrentando menos desempleo que quienes no lo tienen. Sin embargo, el fenómeno que los sociólogos llaman inflación credencialista ha hecho que esa ventaja dependa más del programa y la institución elegidos que antes. Casos como el del Politécnico Grancolombiano, con una empleabilidad superior al 83 % según cifras citadas de la revista Semana, muestran que el resultado varía mucho según cómo esté diseñado el programa.
¿Qué modalidad de estudio reduce más el costo de estudiar en la universidad? La modalidad virtual suele ser la que más reduce la barrera económica, porque elimina gastos de transporte, vivienda y alimentación fuera del lugar de residencia. También permite compaginar el estudio con un trabajo de tiempo completo, algo que Gloria Bernal, de la Universidad Javeriana, identifica como uno de los principales obstáculos económicos que alejan a los jóvenes colombianos de la educación superior.
¿Qué carreras tienen mejor empleabilidad en Colombia hoy? No existe una única respuesta válida para todos los perfiles, pero los programas que combinan formación práctica con actualización constante frente a las necesidades del mercado tienden a mostrar mejores resultados de empleabilidad, como ocurre con carreras en mercadeo, diseño digital o administración de empresas. La clave, más que el nombre de la carrera, suele estar en si el plan de estudios responde a lo que hoy piden las empresas.
Si la conclusión después de leer esto es que sí vale la pena, el siguiente paso es comparar programas concretos. El Politécnico Grancolombiano publica el detalle de sus programas de pregrado en modalidad virtual y presencial —incluyendo Mercadeo y Publicidad, Diseño Digital y Administración de Empresas— para quienes quieran revisar plan de estudios, duración y modalidad antes de tomar la decisión.



