En el Día Internacional de la Madre Tierra aprendimos que pequeñas acciones siembran grandes cambios
Hace 1 hora
En el marco del Día Internacional de la Madre Tierra, que se conmemora cada 22 de abril, el pasado 15 de abril vivimos una experiencia distinta. Estudiantes Poli participaron en una jornada en el Jardín Botánico de Bogotá, liderada por el Semillero de Investigación ‘Foto_sin_tesis’ Laboratorio de creación, de la Escuela de Diseño, bajo la guía de las profesoras María José Casasbuenas Ortiz y Claudia Marlén Forero.
La actividad también contó con el apoyo del Sistema de Gestión Ambiental - POLISIGS, y tuvo un propósito claro: acercarnos, de manera práctica, a la importancia de cuidar la biodiversidad.
Desde el inicio del recorrido, la conversación giró en torno a algo tan simple como poderoso: las semillas. Los participantes conocieron el banco de semillas del Jardín Botánico, un importante espacio para la conservación de especies vegetales y para garantizar que, en el futuro, sigamos teniendo acceso a la diversidad que hoy muchas veces damos por sentada.
La pregunta que quedó en el aire fue directa: ¿qué pasaría si algún día estas especies empiezan a escasear? A partir de ahí, el recorrido tomó otro sentido.
En la zona de siembra, los guías explicaron de forma clara cómo funcionan los monocultivos y los policultivos, y por qué estos últimos pueden ser aliados importantes para la salud del suelo. Más de teoría, se trató de entender cómo nuestras decisiones impactan directamente la tierra.
Luego, el grupo recorrió una representación de maloca ancestral, donde se resguardan diferentes tipos de semillas: frutas, verduras y especies arbóreas. Un espacio que une el conocimiento tradicional con la conservación actual.
Más adelante, observaron el proceso de germinación: cómo las semillas pasan a bandejas de siembra donde comienzan a crecer y a transformarse en nuevas plantas. Ver ese proceso de cerca hizo que todo cobrara más sentido.
La jornada también incluyó una actividad de fotografía. Separados por grupos, cada estudiante eligió una semilla y el reto fue encontrar la planta de la que proviene. Más allá de lo técnico, el ejercicio se convirtió en una excusa para mirar con más atención el entorno, reconocer detalles y entender que cada elemento cumple un papel importante en el mundo.
Al final, lo que parecía una simple salida académica terminó siendo una experiencia de conexión con la naturaleza, con el conocimiento y con la responsabilidad que tenemos como comunidad.
Además de fortalecer el aprendizaje, este tipo de espacios nos invitan a reflexionar sobre algo esencial: los recursos naturales no son infinitos, y su cuidado empieza por conocerlos.
Desde el Poli agradecemos al Jardín Botánico de Bogotá por abrir sus puertas y permitirnos vivir este tipo de experiencias que suman a la formación integral de nuestros estudiantes. Porque entender la Tierra es, sin duda, el primer paso para aprender a cuidarla.