Estudiar para ascender, endeudarse para acceder
Contenido de blog
En Colombia y Latinoamérica la educación superior se ha caracterizado por la falta de cobertura, debido a que la inversión e interés en la educación superior por parte de los gobiernos, ha sido insuficiente. Viéndose esto reflejado en la dificultad para afrontar la abundante demanda de quienes quieren continuar con sus estudios.
En el libro Élites. Negocios y estructuras del poder en Colombia, editado por nuestro investigador del Poli Jaime Wilches, se evidencia una reflexión que aborda esta problemática. En el capítulo: Caracterización histórica y legal de las instituciones de crédito como élites orientadoras del sistema de educación superior en Colombia, escrito por Paola Andrea Garzón Espitia y Andrés Felipe Nieto, se plantea que en Colombia la educación se presenta como un Derecho, cuando en la práctica es un privilegio.
Una de las discusiones que se han dado alrededor de esta situación, radica en el papel de las entidades que brindan créditos de financiación para educación, surgidas en los años cincuenta con el Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior (Icetex), pionero del sistema de crédito educativo en el mundo y que tuvo una gran influencia para el desarrollo de estos sistemas en América Latina.
Si bien, es un camino que muchos estudiantes se ven obligados a tomar por la falta de cobertura estatal y las dificultades que se presentan en medio de sus contextos sociales, muchos gobiernos han asumido estos créditos como formas de empezar a suplir las necesidades y mejorar la calidad de vida a través de la educación; razón por la que movimientos sociales estudiantiles se han manifestado activa e históricamente, exigiendo que el acceso a la educación superior de calidad sea un derecho para todas y todos.
Es pertinente recordar que las universidades fueron fundadas en territorio latinoamericano en los inicios del periodo colonial bajo la iniciativa combinada de la iglesia católica y la corona española. Los jesuitas orientaron estas instituciones como un medio de influencia para mantener a la nobleza y a los sectores dominantes de la sociedad dentro de su radar. Es decir, la historia también muestra cómo la educación superior estuvo ligada, desde sus orígenes, a dinámicas de exclusión y concentración del poder.
Durante siglos, el acceso al conocimiento especializado fue reservado para grupos privilegiados, mientras amplios sectores de la población permanecían al margen de estos espacios de formación. Sin embargo, con el paso del tiempo y gracias a las revoluciones sociales, las universidades ampliaron su cobertura y asumieron transformaciones reales que apuntaban al beneficio colectivo, pero las desigualdades estructurales no desaparecieron por completo.
¿Cuáles fueron los hallazgos?
Es fundamental resaltar lo argumentado en este capítulo del libro, pues permite analizar cómo los sistemas de financiación de la educación superior han adquirido un papel protagónico dentro de la estructura educativa colombiana, debilitando incluso la posibilidad de garantizar una educación pública y de calidad.
Además, bajo esta lógica, se fortalece la idea de que el acceso a la formación profesional es una inversión individual más que un derecho garantizado por el Estado, construyendo un concepto desde la perspectiva Gramsciana que ha sido denominado como “hegemonía cultural”, donde los sistemas de financiación difunden discursos que legitiman el endeudamiento como un medio natural para acceder a mejores oportunidades.
Esta reflexión nos invita a replantearnos cuál es la naturaleza de la educación superior:
¿Un privilegio?, ¿Un derecho?, ¿Un tema en el tintero del Estado?, ¿Qué debería cuestionarse el sistema?
Si este artículo te interesa y quieres conocerlo a profundidad, te recomendamos consultar el libro completo. (1) Élites, negocios y estructuras del poder en Colombia

