El valor performativo del conteo en la memoria del conflicto

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Hablar de cifras para referirse a la cantidad de víctimas o muertos, suele presentarse como una forma habitual —e incluso esperada— de ver la violencia en sus distintas manifestaciones. Sin embargo, al aterrizar esta narrativa por la que históricamente hemos transitado sobre cómo se abordan las consecuencias de la guerra y de qué manera se exponen las mismas, surge la necesidad de preguntarnos si conscientemente reconocemos lo que existe más allá de una recopilación numérica presentada. 

Por ello, Juan Carlos Arias Herrera, nuestro docente e investigador del Poli del grupo de Narrativas, creación y estética (NCE), da espacio a este interrogante tomando como referencia la influencia de la imagen, su papel dentro de la muestra de los relatos y si en esta es posible que se hable de la misma abstracción que se ve reflejada en la cifra, pero desde el campo visual. Además, nos invita a cuestionarnos si este es un ejercicio en el que hay que pensar críticamente en los mecanismos de representación que tendríamos que usar a la hora de narrar hechos relacionas con el conflicto armado. 

Hablamos con él y nos contó…

¿En qué momento decidiste abordar este campo investigativo?

He venido adelantando varios proyectos de investigación – creación, trabajando el tema de la representación y visibilización de la violencia. En estos proyectos he trabajado tanto con víctimas como con excombatientes del conflicto en Colombia y con ellos siempre hemos tratado de preguntarnos: ¿cuál es el papel de la imagen y de los mecanismos de representación frente a la generación de memoria del conflicto y la violencia?

Es como hacer una pregunta no sólo por los contenidos de la representación, por qué decimos, sino por cuáles son los modos o los medios que estamos usando para decir eso y si esos modos, esos formatos, esos códigos deben ser puestos en cuestión para poder hablar y crear memorias de la violencia.

¿Qué valor le damos a estas cifras en nuestra comprensión de la realidad?

Dentro de ese problema de la visibilidad del conflicto y pensando en el lugar de la imagen, nos damos cuenta que nuestra época ha privilegiado modos de representación cuantitativa que convierten fenómenos complejos como el conflicto armado en cifras que pueden ser medibles, cuantificables o puestas en gráficos que abstraen de alguna manera la realidad de la guerra. 

¿Cuál es esa relación de la que se habla en el texto entre la cifra y la imagen?

El texto no es solo una representación sobre el lugar de las cifras en la representación de la guerra, sino sobre si la imagen llega a funcionar en algún momento igual que la cifra, es decir, si las imágenes se vuelven también lugares de abstracción o cuantificación de la violencia y de qué manera podríamos pensar en imágenes que funcionen con lógicas diferentes, si estas podrían permitirnos, entre comillas, contar los muertos, pero no abstrayéndolos en datos.

¿Hay algunas referencias que nos sirvan para pensar en otros métodos que podríamos usar para no caer en esta práctica?

En el texto pongo algunos relacionados: la literatura de Roberto Bolaño y las narraciones sobre los muertos y los feminicidios en México. Obras como la de Doris Salcedo de las sillas que descienden en el palacio de justicia, que me parece que son intentos por devolverle a la práctica del conteo aquello que pierde cuando se vuelve solo un ejercicio numérico.

 

Creo que hay obras que han pensado en esa práctica de contar performativamente y no sólo como un dato abstraído como resultado, entonces creo que esos ejemplos pueden funcionar. 

En tanto a películas, pensando en ensayos visuales que se han hecho en Colombia, podría funcionar algunos de Federico Atehortúa tiene un documental que se llama Forenses, creo que este, por ejemplo, podría tener una reflexión ahí sobre lo que implica el cuerpo muerto y su representación.

 

En casos donde existen enfoques institucionales o informes oficiales que dependen de la cuantificación, viéndose esto reflejado en las cifras que presentan, siempre numéricas. 

¿Cuáles serían esos nuevos canales que podrían implementar para que no se siga cayendo en este ejercicio, sobre todo dentro de contextos como el conflicto?

Creo que la clave es no reducir el conteo a cifras cuantificadas pensando que ellas traducen objetivamente la realidad, sino cuestionar el ejercicio mismo de contar, e incorporar distintos modos de contar y dar cuenta de un mismo fenómeno.

Se trata del valor performativo del conteo, es decir, de entenderlo como una práctica y saber que el conteo no es una práctica neutral de cuantificación de la realidad, sino una práctica que visibiliza algunas cosas y deja por fuera otras.

 

 

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 La imagen como conteo y el valor performativo de las cifras | Textos y Contextos

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