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¿Para qué nos sirve estudiar?

Hay preguntas que no tienen una respuesta directa. Por ejemplo, si un estudiante pregunta «qué opina acerca del aborto», tengo que aceptar que realmente no tengo una buena respuesta para eso. Sin embargo, eso no significa que no pueda navegar alrededor de la inquietud para construir una idea. La inquietud a «qué es la educación» es menos controversial (…aunque controversial, sin embargo).

Podemos identificar elementos y condiciones necesarias para la educación, pero que no son la educación: 1) Para educar se requiere de por lo menos una persona y una interacción con algo, no necesariamente con otra persona; pero sí interacción con algo. Por ejemplo, Robinson Crusoe podía ver y maravillarse del equilibrio natural de la isla en la que se encontraba aun cuando la isla estaba deshabitada. Pero no podemos decir que la interacción es educación y tampoco el hecho de maravillarse. 2) Se requiere de un contenido de información. No es posible pensar en nada. Pero no se puede aducir que la información es educación, de lo contrario un disco duro de un computador sería «educado» cada vez guardamos nuestras fotos o trabajos en él. 3) Se requiere de una metodología, es decir, un conjunto de pasos más o menos complejos que permitan al observador captar las impresiones. Sin embargo, tampoco la metodología es la educación. Puedo repetir una y otras las tablas de multiplicar como repito oraciones y esto no significa que este educándome.

Esos son los elementos que aparentemente acompañan siempre un proceso de educación. Aunque siguen siendo insuficientes. Si ponemos por caso a una persona observando aves a una determinada hora durante un mes todas las mañanas habremos cumplido todos los requisitos arriba descritos y, sin embargo, no es educación. En cambio, si incluimos a la misma situación el componente de la reflexión del observador de aves sobre la información recibida y, con ello, una transformación de la realidad o, al menos, de la forma en que el observador percibe la realidad entonces si podemos hablar de una forma básica de educación; en ese momento el observador deja de ser un receptor pasivo y se convierte en transformador.

Este proceso de reflexión no es simple y tampoco de respuesta directa. Reflexión suena parecido a la palabra reflejo, como si la información recibida por el observador viajara en nuestra conciencia un sinnúmero de veces y, en ese proceso, nos permitiera entender la información recibida de una manera diferente a como fue percibida originalmente. No nos queda más que recurrir a la expresión «como» porque en realidad no tenemos la menor idea de lo que ocurre en nuestra conciencia. Pero en realidad no somos los primeros en hacerlo. El cristianismo en el génesis, por ejemplo, se refiere a ese proceso transformador como un logos mediante el cual el Creador interactúa con el caos potencial para generar un orden habitable. La mitología de la antigua Grecia también lo expresa en el mito de Prometeo cuando ele enseña a los humanos a caminar erguidos, los números, las artes, etc., y sobre todo, a crear el fuego como ese símbolo del logos para crear orden a partir del caos. Tal proceso de reflexión al que en este espacio nos aproximamos con metáforas y analogías es el punto clave sobre el que se forja la educación. Sin él, es como hablar de República Romana sin Senado.

La reflexión añade movimiento a todos los otros tres elementos, sin ella, el proceso es inerte. El observador deja de ser un mero receptor y ordenador de información. Ni siquiera se comete el aborto de ideas porque no hay nada que pueda ser interrumpido. Sin embargo, cuando se genera transformación del conocimiento a partir de la reflexión se transforma la realidad y, a diferencia del nacimiento de una creatura, el surgimiento de ideas sí suele ser castigado, en particular cuando deriva en transformaciones de nuestra realidad objetiva. Adán y Eva fueron expulsados del cómodo paraíso al probar del árbol del conocimiento (logos). Zeus castigo encadenó a Prometeo en una cueva para que un águila le devorara una y otra vez el hígado durante 30 mil años después de haber entregado ese conocimiento a los humanos. Especialmente las deidades temían ser suplantadas por el hombre al obtener ese nuevo logos.

Esto añade ese segundo grado de sofisticación de la realidad y es que al poder transformar cambia lo ya existente, subvierte para su conveniencia el caos potencial en orden habitable. Esto es más claro cuando las personas cuestionan alguna estructura del orden social existente (aun cuando lleve miles de años) y, por lo general, los favorecidos con esa estructura toman retaliaciones, al igual que lo hicieron las entidades divinas e invitan a los desquiciados a abortar sus locuras.

Tampoco la educación acaba allí porque solía decir Hannah Arendt que el revolucionario más radical se convertirá en un conservador el día después de la revolución. Si el desquiciado logra transformar la realidad y se convierte en un cuerdo acomodado luego de la transformación, regresará a ese estado observador pasivo o, en el peor de los casos, a abortador de ideas. De modo que otro elemento fundamental de la educación es admitir la propia ignorancia sin abandonar por eso la búsqueda constante del logos que permite la transformación de la realidad.

 

Economía, Finanzas y Contabilidad

19/Mayo/2021

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